Colección: Horacio Benavides

Horacio Benavides dice mucho con muy poco. Nació en Bolívar, Cauca, en 1949, y su poesía —verso libre, paisaje andino, memoria rural— tiene la contención de quien aprendió primero a callar. Ha recibido el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura. En Frailejón Editores hay cinco de sus libros, y cada uno entra por una puerta distinta.

Si es el primero, conviene empezar por Un huésped en el jardín dormido: una antología que el propio poeta seleccionó y ordenó, con un bestiario de gatos, peces, caballos y hormigas donde el reloj es un pájaro disecado vivo. El libro de las vocales olvidadas recupera el campo colombiano visto por un niño: brujas que bajan por hilos de luna, el cementerio donde jugaban al escondite, el padre que llega y se va a caballo.

Cuerpo de tierra reúne noventa composiciones brevísimas, entre la copla hispánica y el epigrama, atravesadas por el agua: la del río, la del olvido, la de la luna. Tocar lo que no se ve es de los más íntimos: poemas y estampas alrededor de un mismo gesto, conocer con las manos. Ahí están los mineros de la Colina de Siloé, la abuela cacharrera que lee la suerte en la ceniza del tabaco y un ciego que reaparece de página en página.

Conversación a oscuras es el más duro. Los muertos de la violencia colombiana hablan aquí sin retórica y sin efectismo, y el lector entiende tarde quién le está hablando. Es Benavides en su registro más hondo.

Cinco libros para leer despacio, con encuadernación artesanal cosida a mano en Medellín.

Más autores de la casa: José Manuel Arango, Piedad Bonnett, Susana Benet. Y por tema: Poesía, Poesía colombiana.

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